Somos la sal de la tierra. Jesús usó esta hermosa metáfora en el Sermón del Monte para definir la identidad de cada discípulo. Ser sal significa marcar una diferencia en este mundo, aportando sabor, preservando la verdad y sanando las heridas del entorno.Un verdadero discípulo de Cristo no pasa desapercibido. Su presencia transforma los ambientes oscuros a través del amor, la justicia y la compasión. La sal no se creó para quedarse guardada en el salero; su propósito divino se cumple cuando se mezcla y se entrega por completo para sazonar la vida de los demás.Hoy, tu fe no debe ocultarse. Tu llamado es purificar con tus acciones cotidianas, preservar los valores eternos del Reino y compartir la esperanza con quienes te rodean. Camina con valentía. Permite que el amor de Dios actúe a través de ti, transformando cada corazón hambriento de verdad.
Pastor Luis Quiros
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